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jueves, 17 de noviembre de 2011

Insidias


Define la RAE el término “insidia” como “Palabras o acción que envuelven mala intención”. Aunque la palabra está de moda desde hace más bien poco, la práctica de la insidia es tan antigua como el ser humano, y parece que algunos “compañeros” vienen practicándola con asiduidad –al menos- en  estas últimas semanas.

Y es que hace unos días, en una distendida conversación de bar, descubro que va circulando por ahí  un  rumor, según el cual, nuestra candidatura pretende subir las cuotas a los colegiados. ¿De dónde procede este insidioso rumor? no resulta difícil imaginar…, verdad? 

Este chisme se suma al error cometido por el Diario Información en el que se predicaba nuestra “propuesta estrella” de comprar una nueva sede para el Colegio. Cómo si en los tiempos que corren tuviesen cabida ese tipo de dispendios económicos!

Bien pensado, el descrédito es redondo: como este candidato quiere comprar una sede –seguramente con suelos de mármol de Carrara- será necesario subirnos las cuotas trimestrales. Una insidia bien construida pero, como todas, falsa.

Si no hemos pregonado a los cuatro vientos una reducción de la cuota colegial es porque, ante todo, tenemos los pies en la tierra. No sabemos en qué estado nos encontraremos el Colegio si finalmente contamos con la confianza de todos vosotros. En cambio, SÍ NOS COMPROMETEMOS a realizar un detallado estudio para rebajarlas todo lo posible.

Enarbolar las rebajas en las cuotas a los colegiados antes de conocer la situación real de la institución que nos representa a todos (porque todos somos el Colegio, no sólo unos pocos), nos parece un acto de demagogia electoral y populismo barato. Aunque las grandes declaraciones programáticas son habitual moneda de cambio en otras parcelas de la sociedad, nosotros, como abogados, ni debemos hacer uso de esas estrategias, ni debemos consentirlas.

Por supuesto que queremos  contar con vuestro apoyo para ganar las elecciones del 26 de noviembre, pero no a cualquier precio, no queremos recurrir a las malas artes, nuestra candidatura no va a verter insidias, no va a difundir mentiras entre compañeros, y no va a anunciar propuestas electoralistas a bombo y platillo si desconoce su viabilidad.

Las promesas vacías son para otros.

Nosotros proponemos compromiso, trabajo, transparencia y, por encima de todo, participación de cuantos integramos el Colegio.

Isidro Echániz Maciá. Abogado.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Estrenamos página web!


Pues sí, compañer@s, al margen de este blog, hemos considerado oportuno hacer una web  para presentar nuestra candidatura. En ella, esbozamos los principales ejes sobre los que gira nuestro programa, un conjunto de ideas encaminadas a proporcionar un cambio para el Colegio (y entre las que no se encuentra la compra de una nueva sede, como se ha dicho en otro lugar...).

Hemos huido de grandes y altisonantes declaraciones programáticas, pues aquellos que nos conocen -y conocen cómo está el Colegio- saben que lo único seguro es que pondremos la máxima ilusión y todo el esfuerzo  posible para devolver al ejercicio de la abogacía toda la dignidad que le han ido arrebatando.

Os invitamos a visitar nuestra web, y no dudéis en poneros en contacto con nosotros para aportar vuestras ideas!

Este es el enlace: www.colegiosomostodos.com

jueves, 10 de noviembre de 2011

Más ruinas, y no arqueológicas...

La viñeta de Forges que se publica hoy en El País, serviría perfectamente de ilustración al artículo La Justicia en ruinas que aparece en este mismo blog y en el Diario Información. Es necesario  llevar a cabo medidas modernizadoras si no queremos que algún día la "carcoma embarazada" sea víctima de un involuntario mazazo.

EL PAÍS, 10/11/2011

sábado, 22 de octubre de 2011

Deontología, derechos y obligaciones del abogado

Suele hablarse con frecuencia del lenguaje jurídico y su distanciamiento con la realidad cotidiana, donde el ciudadano de a pie queda al margen de ese oscuro conglomerado de conceptos –muchas veces en latín- que al fin y al cabo decidían, entre otros, su libertad, su patrimonio o sus relaciones familiares.

Fue Sócrates quien dijo a un bello joven que le acompañaba, “habla para que yo te vea”. Si la palabra, que es el instrumento fundamental del Abogado, queda cercenada o cautiva por cualquier otro elemento ajeno a su pensamiento, éste perdería su esencia más íntima: la libertad y la independencia.

Es conocido –o debería serlo- que los principales objetivos del Abogado son: el mantenimiento y defensa de los derechos humanos y la restitución del orden jurídico lesionado; todo ello dentro del contexto de una maltrecha Administración de Justicia, donde las formas no dejan de ser importantes y la palabra y el trato serio y respetuoso debería ser el pan nuestro de cada día, pero por el contrario, oigo a diario tanto a compañeros como a clientes quejarse, a veces con razón, de ser víctimas de esa tensión que se respira en determinados órganos judiciales, y sus efectos del día a día.

Nosotros, los Abogados ya en el artículo 11 del Código Deontológico y en su apartado c) tenemos un mandato concreto y preciso, donde textualmente leemos, “guardar respeto a todos cuantos intervienen en la Administración de Justicia exigiendo a la vez el mismo y recíproco comportamiento de éstos respecto de la Abogacía”.

Es claramente una obligación, pero también un derecho donde estando en liza los intereses de nuestros clientes, actuamos en el foro con lenguaje sencillo, pero respetando a todos y cada uno de los que intervienen en ese quehacer diario de la Justicia.

La Deontología, puede tener diversas acepciones, pero creo que se debería resumir en dos palabras clave: RESPETO y HONESTIDAD, y todo ello frente a la indiferencia, el engaño, la insolidaridad que pugnan cada vez más, con ese factor social del Abogado, que constituye una pieza estable en las sociedades democráticas que no es otra que el derecho de defensa.

Y ese derecho lo debe de ejercer el ciudadano en igualdad de condiciones, en igualdad de trato, con la palabra sencilla, respetuosa y honesta que dé paso a una justicia clara y especialmente inteligible.

Y si comencé haciendo mención a Sócrates, no estaría mal acabar con un filósofo netamente hispano, -Lucio Anneo Séneca– cuando en su Ética Estoica decía: “Cualquiera que se proponga ser feliz, debe tener en cuenta que lo único bueno es lo honesto”.

Isidro Echaniz
Abogado.